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Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador / Professor -Researcher
Director del Seminario Interdisciplinario sobre Estudios Ambientales y del Desarrollo Sustentable / Director of the Interdisciplinary Seminar on Environmental and Sustainable Development

jlezama@colmex.mx

sábado, 23 de septiembre de 2017

Todo tiembla. J. L. Lezama

Todo tiembla

José Luis Lezama

            En Bucerías y sus alrededores, cuando las Rayas desovan es común ver
salir del mar rostros de personas desfigurados por los dolores que provocan las picaduras de estos animales. En las playas y en los terrenos aledaños crece una planta rastrera que los lugareños llaman también Raya, la cual dicen que calma los dolores y contrarresta los efectos del veneno. La naturaleza pareciera proveer la ‘enfermedad’ y el ‘remedio’ al mismo tiempo.
            Hoy día en México todo parece temblar. Hemos entrado en estado de ansiedad y pánico colectivo, desarrollando una hipersensibilidad ante la cercanía y ante cualquier indicio real o imaginario de la catástrofe. Participar en la medida de nuestras posibilidades y circunstancias en las tareas de ayuda, en los periodos de emergencia y en los que corresponden a la reconstrucción material, social y emocional, resulta también terapéutico ante una situación en la que todos padecemos algún tipo de daño y afectación. Por ello es importante atender tanto material como emocionalmente a todos, los directamente afectados, los rescatistas y brigadistas, los familiares directa e indirectamente afectados, y a la población en general que requiere de cierta tranquilidad para actuar ante los distintos retos que nos deparan estos fenómenos y el desarrollo posterior de la vida cotidiana misma. En todas las experiencias de desastres y catástrofes de cualquier tipo en México y el mundo, la ayuda psicológica y emocional resulta crucial; simplemente ejercitar el cuerpo, hablar y compartir con los demás nuestras experiencias, puede operar un efecto terapéutico.
            Todo tiembla en un terremoto, tiembla la tierra, tiemblan las instituciones, tiembla nuestro orden social y político, y temblamos todos en nuestro interior. Pero el mismo temblor, todos estos temblores, traen consigo remedios, soluciones, alternativas de vida. Son sacudidas violentas que a algunos los hace perder todo, a sus seres queridos, sus bienes, todo lo ganado con un esfuerzo de vida, pero que también genera lecciones de vida.
En nuestra vida personal, nuestros temblores nos hacen repensar la vida, nuestras conductas, afloran nuestros errores y también provoca momentos de reflexión profunda para reconstruirnos como seres humanos, sociales, ciudadanos, amigos, colegas, y reencausar así nuestro ser en el mundo; incluso las bajas pasiones y malas conductas que también emergen, se convierten en oportunidades de aprendizaje personal y colectivo.
            Desde el ámbito ciudadano y comunitario se genera conciencia de esa fuerza poderosa que tenemos en nuestras manos para tomar control de nuestro destino comunitario e individual, para repensar nuestras instituciones, nuestra democracia, nuestros dirigentes, y sobre la gran capacidad que tenemos para reconstruir nuestras instituciones y marcarle los límites a quienes nos mal representan.
            Desde el punto de vista político, el temblor muestra la grandeza de la ciudadanía y también la pobreza de nuestra clase política, nos hace generar conciencia sobre su verdadero ser, más allá de la propaganda y la mercadotecnia con la que se auto-legitima, nos muestra sus intereses personales y partidistas, que nada tienen que ver con las necesidades y el sentir de la población. De ahora en adelante el sistema todo estará marcado por el efecto social y político de los sismos recientes, los cuales están brindando una oportunidad a los ciudadanos para exigir cambios y remover a esta clase política, sus prácticas corruptas, el simulado y fallido estado de derecho en el que vivimos, que tiene sitiados y atemorizados a los ciudadanos. Fue así como una fuerte presión ciudadana obligó al INE a retirarles a los deslegitimados partidos el dinero que se les ha dado en exceso.
            Socialmente, culturalmente, las sacudidas del planeta, son también una oportunidad para mejorar nuestros sistemas de convivencia, nuestros valores y normas, para procurar más los vínculos de comunidad, de solidaridad, de buena vecindad, disminuidos por la ruda competencia cotidiana en un país convertido en una exitosa fábrica de pobreza, en el que nadie cree, al que nadie le tiene confianza.
            La tierra tiembla, pero no por buena ni mala.  Con sus reacomodos no divide a la gente, no la hace desigual, ni la expone diferencialmente ante la catástrofe. Lo que daña a la gente es la inmensa desigualdad ante la vida y la muerte, son las decisiones humanas, sobre todo aquellas dirigidas por el poder y el lucro, que coloca a los más pobres y a los más desposeídos en condiciones de vulnerabilidad, que los deja sin opciones de vida, en lo cotidiano y ante la tragedia.

@jlezama

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador
El Colegio de México


lunes, 18 de septiembre de 2017

Desastres Socialmente Construidos. J.L. Lezama. El Universal

Ver artículo en: El Universal

http://www.eluniversal.com.mx/articulo/jose-luis-lezama/mundo/desastres-socialmente-construidos




La amenaza climática

José Luis Lezama

            La reciente actividad sísmica y climática pareciera hacer pensar en una naturaleza enfurecida, incontrolada, amenazante sobre la especie humana. Ciertas ideas sobre ‘el fin del mundo’ han aparecido, a veces en broma, a veces como expresiones de un verdadero temor a nivel colectivo ante las fuerzas de la naturaleza y la impotencia humana, a pesar de todo el desarrollo científico y tecnológico acumulado.
            Hay una amenaza real no solo hacia la seguridad humana resultado de estos fenómenos naturales, sino también hacia el mundo no humano. Hoy día está de moda y es lugar común repetir, que no son desastres naturales sino socialmente construidos, con lo cual se quiere insistir en que los daños a la especie humana, y a los ecosistemas, no se deben en sí a factores estrictamente naturales, sino que son también resultados de la intervención humana, de decisiones que no se toman, o de decisiones que se toman irresponsablemente guiadas por factores económicos, políticos: la ganancia, la irresponsabilidad.
            No obstante, lo cierto es que también existe una vulnerabilidad que nace de factores naturales y que marca nuestros propios límites. Por ejemplo, la ubicación de países como México en el marco de la actividad energética del Atlántico y el Pacífico, o bajo la influencia también de las fuerzas climatológicas que alternadamente producen la dinámica El Niño/ La Niña, se traducen en condiciones de alta vulnerabilidad, lo cual ha existido desde tiempos remotos y existe quizá hoy día con mayor frecuencia e intensidad, influido tal vez por esa otra construcción social que es el cambio climático antropogénico.
Lo mismo ocurre con los temblores y terremotos, los cuales sin duda son resultado de las condiciones sísmicas del país, que haría obligatorio un sistema de construcción normativa de ciudad en apego a las características de las regiones de México con mayor actividad sísmicas.
Los fenómenos y los desastres naturales son híbridos, parte naturales, parte humanamente provocados. Pero lo que es cierto es que su devastador efecto hecha por tierra la idea arrogante del hombre moderno de su control sobre la naturaleza, y  advierte sobre el carácter patológico de una actitud como la nuestra, los humanos, de destruir la naturaleza, de alterarla hasta el punto en que la transformamos en una verdadera amenaza, con lo cual ponemos en riesgo también nuestro sustento de vida, y el sustento de vida de los ecosistemas y de los otros seres de la creación con quienes interactuamos, y de quienes dependemos, y quienes a su vez dependen de nuestros actos.
Distintas regiones de México son víctimas reales o potenciales de fenómenos meteorológicos extremos: sequías, inundaciones, ondas de calor, etcétera. El Norte de México, también por los cambios meteorológicos, padece de sequías extremas y catastróficas y, eventualmente, de inundaciones. Años enteros en los que no cae una gota de agua. En el sureste de México parece ocurrir lo contrario, lluvias intensas, inundaciones, pérdidas materiales, vidas humanas, y naturaleza dañada. No obstante, el sureste también padece, en su momento, años de sequía. El clima, los fenómenos meteorológicos, su lógica, su dinámica y sus efectos benévolos o catastróficos, no son todavía del todo entendidos; hace falta mucho conocimiento y, en los hechos, lo que sabemos sobre ellos es muy limitado; nuestra ignorancia, en cambio, es inmensa.
Esto lleva a la necesidad de tomar decisiones precautorias y preventivas, además de las correctivas, de planeación, que permitan construir condiciones que brinden una protección más efectiva para las personas y los ecosistemas. Esto es una tarea no sólo gubernamental, es una tarea social, ciudadana, de todos los sectores de la sociedad, y tiene mucho que ver con la generación de conciencia, con el fortalecimiento y ejercicio verdadero de las instituciones y prácticas democráticas, con la posibilidad de exigirnos y exigir a las instancias gubernamentales el cumplimiento con las normatividades, con la planeación del campo y la ciudad, y particularmente con el verdadero cumplimiento de los acuerdos internacionales, como es el caso de los Acuerdos de París para el clima, del cual México es signatario.


@jlezama

Dr. José Luis Lezama
Profesor-Investigador
El Colegio de México